viernes, 25 de junio de 2010

Carta teledirigida con doble destino.

Carta teledirigida con doble destino.

En virtud de no dejar al albur esta carta, es preciso vaticinar desde ya
que aunque no hablare desde roma o pindos, así como tampoco tomare en cuenta
las sienes golpeadas, los ojos como pintados o la milenaria virtud, tampoco mostrare
posición alguna de dicotomia entre vida o muerte; todo esto presto a no torturar
sueños ni convocar lamias a este terreno.

Ahora, no he visto semblanzas agotadas, pero no tengo duda que avanzan, a través de estepas
finas y cautelosas, lo cual me lleva a un imperativo intervenir-espero no desalmar, ni
fertilizar el mal- . Así como muchas veces el estanque del cual emana felicidad tenue
es disturbado, sea ya con los más finos petalos, no se podra evitar la desencadenación de ondas
de miseria;y es así, como aquello que de temperamento misterioso y efimero-en apariencia- se
oculta tras aquella amalgama de entradas y salidas;
excelso y fehaciente seria el trabajo si desde ya parar estas largas y oscuras figuras,
que concentran en sí la obscuridad absoluta fuera posible, pero el camino escabroso y de
cal de acidia obstruye, y así, sólo demuestra con vehemencia un hórrido abismo.Es allí, donde la
nimiedad de un zafio cambio de dirección a -como minimo- un etéreo camino que aunque
lleno de bruma, puede acendrar los diáfanos cuerpos y así permitir un adviento salvador, que daria
lugar al renacer del cual reclamo que son merecedores.

De como las vedas ahuyentan la melancolica e injuriosa rosa que reposa en el mar,
con investidura de castigadora que de un harén proviene, imperterrita ante las camelias o
los jazmines, que con pena y displicencia llevan sus colores y por esto, sus desmesurados actos
filípicos; ahora, el crepusculo se acerca, la invitación a rechazar a los alucinados de otro mundo,
que con aluviones futiles convocan la santa afirmación pretendiendo obnubilarles, a sabiendas
que en ellos comanda un rey tozudo e indulgente, de parafernalias y oropel que sólo incita
a sombras languidas a su sendero tardío y sin destino. Así, aunque la luna es ahora quien juzga,
proclamo la cancion lontana, peligrosa y amarga que les dara la dirección idónea, nivea, justa y libre de
heladas cuchillas custiodiadas por verdugos y serpenticios jueces.

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